Plataforma en Defensa de la Escuela Pública de Colmenar Viejo

Carta anónima: Reflexiones tras un día de huelga

Una de las cosas que más me reconfortan después de un día de huelga y no he dejado nunca de hacer es llamar a mi abuelo. Hablo con él de su experiencia en la “fábrica”,  de los esfuerzos  que tuvieron que hacer para luchar por sus derechos cuando protestar no estaba permitido. Me relata la angustia de las noches sin dormir, dando vueltas a la decisión de hacer huelga o no. Al fin y al cabo, tenía 2 hijas y 1 hijo que alimentar y se jugaba mucho. Después, siempre hacía la huelga, porque él y sus compañeros tenían a la larga más que perder si no la hacían…

Y es que el derecho a la huelga, como otros derechos que hoy disfrutamos-a veces ignorantes del esfuerzo que llevó conseguirlos-han sido el mejor “regalo” que nos han podido dar nuestras abuelas y abuelos.

Ayer dejamos nuestro amado trabajo por un día, porque los derechos, lejos de ampliarse, retroceden. Nos están haciendo olvidar lo que teníamos y por qué lo teníamos. Tildando de extravagancia y despilfarro lo que son nada menos que derechos humanos- y más concretamente de la infancia- nos imponen los cortes, recortes y remiendos. El sistema educativo de un país debe garantizar la igualdad de oportunidades. Sin embargo, ni la supresión de personal, ni la sobrecarga del profesorado, ni el deterioro de las instalaciones facilitan la labor.

No quiero un curriculum desfasado, que aspira a meter “con embudo” conocimientos por la boca de un alumnado que se atraganta.

No quiero una distribución de contenidos en asignaturas que matan la creatividad y fomentan la automatización.

No quiero que mis niñas y niños “aprendan” a base de machacar y machacar conceptos o aprendizajes cuya importancia radica únicamente en enfrentarse a un examen estandarizado que después determinará su futuro.

No quiero que se desvíen los fondos de la pública a empresas privadas que se enriquecen con la educación.  Porque la educación no es un negocio; la educación es generadora de riqueza para el conjunto del país. ¿Cómo definir si no como riqueza de valor incalculable el que se aprenda a convivir o a desarrollarse como persona? ¿En qué momento alguien decidió poner un precio a la oportunidad de conocer, de sorprenderse y maravillarse o de descubrir?

No hay derecho.

Por ellas, por ellos y por los que vendrán.

¡¡ESCUELA PÚBLICA AHORA Y SIEMPRE!!

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